Vino de España siendo un adolescente,
y estuvo al lado de unos parientes de buena
posición que tenia en México,
ya hombre cuajado, sintió inclinación
a la minería y a ella se dedicó
marchándose a Zacatecas para probar
fortuna, ahí hizo su primer capital.
Pasados pocos años, fue a hacer
exploración a la Sierra Madre Occidental
deteniéndose en el Estado de Guerrero
y siguiendo las hullas de Gonzalo de Umbría,
marino de las carabelas, a quien comisionaría
Cortés para buscar minas en aquel
sitio fue a dar con uno de los ricos filones
en el que hoy es Taxco, que él fundó
y enriqueció. Las vetas eran de plata
de excelente calidad y la exploración
se desarrolló grandemente.
Don José de la Borda empezó
a figurar socialmente como hombre de buen
gusto, fue empleando sus caudales en obras
permanentes y de utilidad. Como el Jardín
Borda de Cuernavaca que aún existe
y que fue de la predilección de Maximiliano
de Austria.
Se calcula que su fortuna llegó
a ser de cincuenta millones de duros de
los de entonces. Que derramó a manos
llenas. Viéndose obligado a liquidar
sus cuentas con las joyas Aladinescas que
había acumulado. México le
recuerda con admiración por su desprendimiento
y honestidad jamás desmentida.
Él y Juan
Ruíz de Alarcón "El
dramaturgo corcovado", dieron fama
y honor a Taxco, y aquí se les venera.
Existen los retratos de ambos, pintados
en la antigüedad.
Una de las fortunas más fabulosas
que en México se recuerdan, fué
la del minero español Don José
de la Borda Sánchez. Borda se hizo
famoso por su prodigalidad, su caridad y
magnificencia, sobre todo en materia piadosa,
porque cuanto más riqueza daban sus
minas, más derrochaba él en
dádivas y servicios a la iglesia
católica, por lo que llegó
a aplicársele en los días
de su mayor prosperidad y filantropía
este refrán: Mote ó Divisa:
"Dios
a darle a Borda... y Borda a darle a Dios".
Era cuando construía a su costa la
estupenda Parroquia
de Santa Prisca en Taxco, cuando el
dicho se ponía de moda, porque su
mina de aquel lugar estaba en plena bonanza
y el gran cristiano empleaba la plata que
el fabuloso mineral le producía en
erigir esta maravilla artística que
hoy admiramos: gala y orgullo de Taxco,
que ha inmortalizado a su donador.
Todo Taxco era obra de Borda. Se dice que
para que las casitas de la villa presentaran
un bello aspecto panorámico, regalaba
teja roja a los vecinos, logrando así
el tono alegre de los tejados que son el
encanto de la población. Amaba a
aquel pueblo por que allí cerca y
allí abajo, estaban las vetas argentíferas
que le enriquecían y aún pueden
verse en Temixco, los caminos que él
mandó abrir para que pasaran las
recuas cargadas de barras de plata hacia
México, llamándose antiguamente
a eso "La Conducta de la Plata".
Pero lo que vino a darle más celebridad,
fué la construcción del templo
de Santa Prisca. Ella virgen mártir
cuya festividad se celebra el 18 de enero
y de la que era devoto el Sr. de la Borda
desde su lugar natal en España. En
esa joya colonial de la arquitectura, de
la escultura y de la orfebrería,
gastó el opulento minero una cuantiosa
fortuna en sus últimos años.
La iglesia la erigió para uso particular
y poco antes de morir la donó al
pueblo poniéndola a disposición
del "Arzobispado de la Metrópoli".
No así las joyas de oro y pedrería
que mandara fabricar para los servicios
divinos que se reservó y que a última
hora, fueron a manos de la señora
Josefa de Arosqueta viuda de Fagoaga, la
que solventó algunos compromisos
graves causados por su esplendidez.
Según la escritura que se tiró
al hacer, de la operación entre el
Deande de la Catedral y la señora
Arosqueta, dió fé el Escribano
Real Don Antonio de Lima, documento que
se halla en los archivos de la propia Catedral
Metropolitana, el monto de la venta fué
de $102,466.22 tomines, pagándose
al contado $34,500 y el resto en anualidades
de $10,000. Dió el permiso para esa
transacción el señor Don Francisco
Antonio Lorenzana, Arzobispo de México,
Primado de las Españas y Canciller
Mayor de Castilla del Consejo de su Majestad.
Los padres de Don José de la Borda
Sánchez, fueron Don Pedro de la Borda
y Doña Margarita Sánchez.
Al llegar a la tierra mexicana contaba con
16 años, era un joven modesto, mirada
tímida, cutis de licardo, cabellera
rubía y ojos azules.
Trató de venirse a México
al lado de su tío Francisco que se
encontraba en Taxco, Gro. Siendo ya un hombre
adulto sintió inclinación
por la minería, se trasladó
a varias partes de la república (como
Zacatecas) para probar fortuna: pero donde
mayor riqueza adquirió fueron las
minas de Taxco, la Bermeja, el Pedregal,
el Coyote y el Cerro Partido. En Tehuilotepec
explotó las minas de la Hijuela y
la de San Ignacio que le rindieron grandes
ganancias.
Debido a sus riquezas y altruismo, introdujo
el agua potable a la ciudad; mandó
reparar varias casas, abrió la famosa
calzada de Acuitlapan; construyó
puentes como el que divide a Pilcaya con
Malinatenango y Coatepec, construyó
el Jardín de la Borda en Cuernavaca,
Mor., estableció colegios y botícas
para pobres y por último la magnífica
Iglesia de Santa Prisca, orgullo de nuestro
Taxco. El encargado de esta obra fue el
Arq. Diego Durán y el maestro de
obras Don Juan Caballero, el costo total
de la obra fue de $1,661,572; el proyecto
de los
retablos de la parroquia fué
encomendado al autor del Altar de los Reyes
de la Catedral de México, Don Isídro
Vicente Balbás ayudado por otros
grandes maestros.
La Casa Borda también fué
mandada construir por el rico minero Don
José de la Borda en 1759, y fué
utilizada como habitación de su propietario.
Don José de la Borda murió
en Cuernavaca, Morelos. , el 30 de mayo
de 1778, por desgracia: pobre y abandonado.